Ellos se mueven de un lado a otro, no mantienen la mirada concentrada en una sola cosa por más de pocos segundos y quieren experimentar y conocer todo lo que los rodea usando los cinco sentidos. Así son los bebés. Para ellos, el mundo en el que acabaron de llegar es hecho de descubrimientos. Sus cerebros hacen más conexiones en ese momento que en cualquier otro período de la vida. El cerebro de un niño de 3 años, por ejemplo, es dos veces más activo que de un adulto! Por eso, es un verdadero pequeño científico.

El pequeño científico está siempre atento

Según la Dra. Alison Gopnik, psicóloga e investigadora de la Universidad de California, en el documental El comienzo de la vida, los bebés son verdaderas máquinas de aprendizaje. “Se suele decir que los niños pequeños no prestan atención, pero la verdad es que nunca dejan de prestar atención. “Sucede que son supersensibles a todos los patrones de información”, dice.

Por eso a veces cuando hablamos con ellas, especialmente frases largas, tenemos la sensación de que no nos escuchan. Todo alrededor de ellas es motivo de conocimiento; todo despierta la curiosidad de ellas. En el mismo momento en que estamos hablando, un pájaro está volando, el agua de la olla está burbujeando, la TV está encendida… son muchos los puntos de atención los pequeños normalmente tienen dificultades para elegir un solo tema para mirar.

Pero, también, cuando eligen un tema … Vienen las repeticiones infinitas.

El pequeño científico estudia a fondo la información importante

Aquella música que él necesita oír sin parar por horas o días, o el juego de quedarse jugando un objeto varias varias veces, incluso después de haber dicho para no hacer eso. Al final, ese ruido o el movimiento generado a partir de una acción hecha por el bebé es ciencia pura. Él percibe que su acción generó una reacción y eso es un increíble descubrimiento.

Lo mismo vale para cuando él pone las cosas en la boca. Él está usando varios sentidos al mismo tiempo al tatear el objeto, saber su gusto, como es visualmente, qué olor y el ruido que hace. Con eso él agota las posibilidades de conocimiento de determinado objeto, partiendo luego para el prójimo y así sucesivamente. Por supuesto, nuestro papel como responsable del bebé es evaluar si eso es seguro. Algunos juguetes son atóxicos y pueden ser llevados a la boca, ya otros objetos no.

Podemos pensar nuestra casa o el ambiente en que el niño está como un laboratorio de pruebas. Allí van a probar todo de todas formas, cabe a nosotros hacer que esos descubrimientos sean seguros para nuestros pequeños científicos.

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