Hoy es casi imposible que un niño crezca sin ningún contacto con los videojuegos. Por más que algunos padres y madres eviten juegos electrónicos dentro de casa, los pequeños acaban conociendo con los amiguitos, en la calle e incluso en la escuela. Por más que estudios recientes demuestren que los videojuegos son como cualquier otra broma de hacer de cuenta para el desarrollo infantil, muchos padres se asustan con ellos.

Pensando en usar justamente ese lenguaje de los juegos que tanto atrae a los pequeños, el dibujo Marcus Level consigue presentar importantes lecciones de vida de forma ligera y divertida. Puntos? ¿Villanos? Misiones? El dibujo tiene todo eso. Pero también tiene el valor del trabajo en equipo, las dificultades que el prejuicio puede traer para algunas tareas y mucho más. Traemos aquí tres lecciones muy interesantes de Marcus Level:

1. El prejuicio puede entorpecer muchas tareas

Es común no comprometerse con alguna tarea por considerarla aburrida o incluso por creer que no es apropiada. Marcus siente eso cuando se encuentra en una fase que cree ser “cosa de niña” y no da mucha bola. Cuando percibe que está, de hecho, divirtiéndose y que la actividad no depende de él ser niño o niña, pasa a esforzarse y tiene un óptimo desempeño en la misión. Es una gran manera repensar muchas de sus actividades de forma constructiva.

2. El trabajo en equipo es óptimo

Cada personaje, así como cada persona, tiene habilidades diferentes, piensan de formas diferentes e incluso son capaces de percibir cosas diferentes. En un equipo, la suma de todo eso proporciona medios para que todos resuelvan problemas que, solos, tal vez no lo lograr. Con eso, los pequeños empiezan a valorar las diferencias entre colegas en la escuela, entre amigos e incluso entre hermanos y primos.

3. Alcanzar un objetivo requiere foco

No basta con querer algo. Para alcanzar un objetivo, o como en los videojuegos se dice, llegar al final de la fase, es necesario tener atención, disciplina y determinación. No siempre el primer intento es exitoso. Puede ser que el segundo tampoco lo sea. Pero con cada uno de esos intentos, podemos aprender para que el prójimo sea un poco mejor.

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