No hay un día en que estemos a salvo de aquel peligro constante: preguntas. Las preguntas de los niños son imprevisibles y suelen ser más complejas de lo que imaginamos.

Por eso, como regalo para las mamás, preparamos una lista de sugerencias y consejos para recordar la frase que hablaba cuando era más joven: “¡Madres saben de todo!”.

Por supuesto que no tenemos las respuestas para todo, pero para nuestra suerte podemos eludir ese hecho enriqueciendo el diálogo con los pequeños, sea con más preguntas, levantando reflexiones sobre el tema o ganando algunos minutos para investigar en internet.

Algunas actitudes durante la conversación son fundamentales, tanto para que el niño se sienta seguro de abrirse con usted sin temor del juicio o del castigo, e incluso para que él ya empiece a elaborar las propias soluciones a los problemas que la afligen.

Entiende cuál es realmente la pregunta

No siempre la pregunta del niño refleja su verdadera preocupación. “¿Por qué tío Júlio y tía María duermen en la misma cama?” Puede dejar muchas madres de pelo en pie; ¿habrá llegado la hora de las preguntas embarazosas que ensayamos responder desde siempre?

No necesariamente. Es probable que sea sólo la forma del niño expresar su incomodidad por necesitar “prestar” su cama cuando los tíos vienen a visitar.

Entender cuál es la verdadera molestia del niño (o el problema que intenta solucionar) es la clave para hacer frente a las preguntas más complejas que. Es muy común, incluso, que la cantidad de explicaciones necesarias sea mucho menor de lo esperado. La pregunta sirve más para conectar una u otra punta suelta.

Mentir está fuera de cuestión

Es común usar el artificio de pequeñas mentiras que parecen inofensivas hasta el punto de no percibir que ellas son, sí, mentiras. ¿Quiere un ejemplo clásico? “Después la gente compra”. Todo el mundo recuerda haber escuchado esto una vez u otra en la vida.

Pero, por más que pueda parecer inofensiva hoy, la ansiedad y la expectativa que esa respuesta tan simple genera no es broma. Imagínese ahora si esa es la respuesta estándar siempre que los padres no desean tocar algún asunto. Hay complicaciones, ¿no?

No vale la pena huir de una cuestión o situación complicada con una mentira de esas, que sólo pospone la posible resolución del problema y no representa ningún aprendizaje para el niño.

En vez de contar una pequeña mentira, usted puede explicar honestamente su punto para el niño e incluso animarle a pensar en lo que está pidiendo o hablando, como “si usted realmente quiere eso, ¿qué piensa de ahorrar su cuota para comprar? “.

Esconder también no ayuda mucho

Por más que haya el esfuerzo para proteger a nuestros pequeños de aquellos asuntos que parecen muy complicados o difíciles para ellos, una hora u otra ellos vuelven, por lo que lo recomendado es no ocultar temas que pueden ser un tabú.

Sea por haber aprendido algo con el compañero, sea hasta por haber “pescado en el aire” algún asunto complicado en el almuerzo de familia, una hora será necesario conversar.

¿Sabe la pregunta del tío Júlio y de la tía María? Imagínese que ahora fuera “por qué tío Julio y tío Mário duermen en la misma cama?”. El tema difícil cambia de foco, pero la mejor forma de lidiar es la más simple: “Porque ellos se aman y viven juntos”. Esta respuesta puede plantear otras preguntas, que pueden responderse con igual simplicidad.

Un asunto que siempre es complicado de lidiar, por ejemplo, es la muerte de un pariente querido. En esas horas, el niño casi siempre sabe que algo no está bien, conectan sus antenas a aquella palabra que los adultos siempre evitan cerca de ella: muerte.

Cada niño llena las lagunas de conocimiento sobre la muerte de manera única e imprevisible, pero una tendencia es bastante común y bien aburrida: presumir que la culpa, por lo que sea, es de ella.

Con pocas respuestas, el niño va a usar su propio universo para completar lo que falta saber. Como su universo todavía gira muy cerca de sus propios actos, es común hacer esa conexión de causa y efecto.

Las preguntas de los niños abren el espacio para sus soluciones

Muchas veces la pregunta de su hijo no es exactamente una duda. Es la inseguridad ante su propia identidad e ideas. Algunas preguntas bastante aburridas para cualquier madre, como “¿Por qué a nadie le gusta?”, Pueden encajar en ese tipo de situación.

Lo más importante es animar al niño a hablar de sus propios sentimientos y sus razones para creer que la situación es así. Mientras busca formas de expresarse y se siente oída, el propio niño va haciendo conexiones que aún no había imaginado.

Cuando sienta que ya hay suficiente información, devuelva la pregunta al niño de una manera un poco diferente: “¿Qué crees que puedes hacer en cuanto a eso?”.

Con espacio para ser escuchado y organizar sus sentimientos, un espacio seguro, el niño se sentirá alentado a realmente manejar los problemas. Es un paso importante para su desarrollo socioemocional.

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