¿Has oído decir que decir “no” para el niño es un acto de amor? Aunque no siempre es tan fácil negar cosas para nuestros pequeños, un simple “no” trae consigo importantes enseñanzas, como paciencia y continuidad.

A pesar de que ningún padre quiere ver a su pequeño llorando o frustrándose, eso es algo que inevitablemente va a suceder. Al intentar satisfacer todas las voluntades del niño no estamos evitando sus frustraciones y sentimientos negativos, al contrario. Dar límite a un niño es ayudar a prepararse para la vida adulta. Al final, ¿de qué sirve su pequeño recibir “sí” de los padres y, más tarde, comenzar a recibir diversos “no” sin haber aprendido cómo lidiar con el sentimiento que eso genera?

Negar algo para el niño no significa que usted debe ser ríspido o que ella debe tener miedo de usted. El “no” debe ser hecho en base a una decisión consciente y racional. Por ejemplo, cuando el niño pide comer más un dulce y usted, conscientemente, niega, sabiendo que otro dulce en ese momento no será algo saludable para ello. Usted no necesita negar en tono de reprensión, sino en tono de conversación, incluso explicando el motivo que le hizo tomar la decisión.

Test del marshmallow

Cuando explicamos lo que nos llevó a tomar determinada decisión, aunque sea contraria a lo que el niño esperaba, estamos mostrando que existe conciencia y claridad detrás de lo que hacemos y hablamos, y eso ayuda a los pequeños a entender que manejar ciertas frustraciones momentáneas puede no ser tan malo así.

Es lo que defiende el autor y profesor de psicología de la Universidad de Columbia (EEUU) Walter Mischel, en el libro El test del marshmallow. La prueba fue popularizada en las redes sociales al mostrar a niños de diferentes edades recibiendo un marshmallow. Si ellos esperas 20 minutos sin comer, ganarían uno más.

La prueba es un ejemplo de que lidiar con la frustración de la espera, por ejemplo, hace que reciba un premio aún mejor, en el caso el segundo dulce. Y eso, según el autor, es un indicativo de mejor cognición y autoestima del niño, ya que la decepción en cierto grado es una forma de autorregulación y autocontrol.

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