¿Quién nunca recibió un apodo que no le gustó? ¿Se sintió humillado? Excluido? ¿O incluso ridiculizado? Es verdad, el bullying siempre existió e insiste, persiste hasta los días de hoy. Sin embargo, con Internet, él ganó aún más fuerza, es el denominado cyberbullying.

Más fuerte quedó el dolor, más fuerte quedó la sensación de impotencia, más fuerte quedó la incertidumbre y la falta de comprensión de la víctima acerca de las motivaciones que llevaron al agresor a actuar de esa manera.

Agresor este que también se volvió más valiente detrás de las pantallas de un celular o computadora, un valiente que difícilmente hablaba mirando a los ojos lo que sus dedos son capaces de escribir, un valiente que se esconde detrás de un perfil falso para ofender y lastimar a veces perjudicar la reputación y el sosiego ajeno.

Pero sería Internet una tierra sin ley?

La respuesta es no. Tanto que la misma Constitución Federal que vale para la vida offline, vale para la online, estableciendo claramente que la libertad de expresión no constituye un derecho absoluto, que el anonimato no está permitido (ni en las aplicaciones que se dicen anónimos) y que al ofendido se garantiza el derecho de respuesta y de pedir justa compensación por eventual perjuicio sufrido.

No era suficiente, la Legislación Civil aún establece que aquel que por acción, omisión o negligencia cause perjuicio a otro, aunque exclusivamente moral, comete acto ilícito y tiene por lo tanto el deber de repararlo. Luego, pensando en esos actos cuando son practicados por niños, es sabido que son responsables de la reparación civil, los padres por los hijos menores de 18 años.

Pero la pregunta que no quiere callar: la recepción de una indemnización sería suficiente para sanar el dolor de una exposición del tamaño que el poder de diseminación de Internet es capaz de generar? ¿Dinero traería de vuelta la dignidad que fue robada al verse circular por las redes sociales una foto o un vídeo embarazoso?

No, definitivamente, el mejor camino está lejos de ser el de la judicialización cuando el asunto es niño e internet.

Es necesario prevenir y, si es necesario, actuar, teniendo una supuesta víctima o un presunto agresor dentro de casa. La frase “el tiempo lo sana”, cuando la ofensa se da en o por medio de internet, no se logra. Así, en cuanto a la víctima: hay que acoger, oír, no subestimar y actuar.

En cuanto al agresor, hay que acoger, oír, no subestimar y actuar. Sí, ambos necesitan ayuda, pero el agresor también necesita comprender y reflexionar sobre los posibles desdoblamientos, no sólo legales, pero sobre todo morales que su actitud es capaz de desencadenar.

El combate al bullying y al cyberbullying es deber de todos

La mejor manera de prevenir y combatir el bullying y el cyberbullying es rompiendo el silencio, abordando el tema con padres, alumnos, profesores y sociedad, a fin de concientizar, evitar y contener la práctica lesiva. Por eso, la prevención y rápido diagnóstico del problema son factores esenciales para mitigar los riesgos de perjuicios mayores.

Así, si el niño sufre o preserva el bullying, debe buscar ayuda junto a sus padres y / o educadores, quienes, a su vez, deben actuar oportunamente, acogiendo y orientando víctima y agresor, para cesar la práctica y reducir los daños.

Es importante recordar que, en tiempos de internet, la responsabilidad de la escuela extrapola sus límites físicos, en la medida en que, los perjuicios morales causados, sea por el bullying o cyberbullying, reflejan directamente en el rendimiento escolar de sus alumnos.

Vamos juntos a combatir el (cyber)bullying. ¡El juego es cuando todo el mundo se entretiene!

  Alessandra Borelli

Abogada, Directora Ejecutiva de Nethics Educación Digital, directora del Departamento de Seguridad de Fiesp Brasil, donde coordina el frente de Educación y Ciudadanía Digital.

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