Educar a los hijos no es una tarea fácil, especialmente sin prejuicios. Imperfectos, pero perfeccionistas, los padres se cobran y se culpan todo el tiempo. En el caso de los niños que toman buenas notas, se ejerciten y se alimentan bien, sean gentiles, activas e interesadas, que toquen algún instrumento musical y hablen otras lenguas, que tengan muchos amigos y sean divertidas… La lista es enorme y envuelve MUITA expectativa! Después de todo, no podemos olvidar que tener hijos es aceptar que ellos son individuos independientes y que se convertirán en lo que quieran – o lo que puedan – ser. Sin embargo, sabemos también que mucho de lo que nuestros hijos son, es fruto de lo que pasamos a ellos, ya sea por medios biológicos o sociales. Pero, tranquila, pues, en lugar de culpa, saber que tenemos gran responsabilidad por lo que nuestros hijos serán en el futuro, puede hacernos personas mejores.

¿Cómo se puede transmitir los prejuicios?

Si queremos niños mejores y más preparados para enfrentar el mundo en que vivimos, haciéndolo un lugar mejor para todos, más que hablar, necesitamos actuar de acuerdo con eso. Pero hay cuestiones que están tan arraigadas en nuestras vidas que ni siquiera notamos. Por ejemplo, por más que digamos al niño que no trate diferente al compañero de la escuela sólo porque él tiene alguna deficiencia, de nada va a adelantar, si nosotros mismos lo hacemos. Podemos incluso no imaginar cuánto, pero los pequeños observan y absorben mucho más lo que nos ven haciendo lo que nos oyen decir. Pensando en ello, reunimos aquí algunas situaciones en que transmitimos prejuicios a nuestros hijos sin darse cuenta (al final, saber dónde estamos equivocando es el primer paso para empezar a acertar).

1. Cuando somos contradictorios

No basta decir, constantemente, a su pequeño que somos todos iguales y debemos todos ser respetados, si en el día a día usted trata a la hija de la empleada, al compañero de trabajo, al empleado de la panadería o al camarero del restaurante de forma diferente. Si usted cree que debemos tratar todos bien, comience usted mismo haciendo eso. Por supuesto, su hijo va a repetir su actitud siendo siempre amable con todos. Los niños son mucho más inteligentes de lo que pensamos y se fijan en detalles que ni siquiera nosotros notamos, por eso aquel viejo cliché tiene tanto sentido: sea siempre el ejemplo.

2. Cuando protegemos demasiado

Por más que nuestro primer impulso sea siempre proteger a nuestros hijos, la sobreprotección puede ser negativa en la vida y en el desarrollo de los pequeños. Subestimar el entendimiento de los niños, fingiendo que ciertas cosas no suceden o no existen, no harán que dejen de existir. Por eso, aunque algunos asuntos parezcan difíciles o complicados de conversar con su hijo, es muy importante que usted no deje de abordarlos. Por supuesto, siempre con cuidado y en el momento oportuno. También es legal usar recursos que faciliten este diálogo, como los libros infantiles, las películas y los dibujos, por ejemplo.

3. Cuando reprimimos sus dudas sobre las diferencias

Los niños son curiosos, espontáneos y verdaderamente honestas. Si usted convive con un niño pequeño, seguramente ya se vio sin salida y / o constreñido al encontrarse con una pregunta o comentario “sin filtro”. La ingenuidad de los pequeños puede hacer que pregunten abiertamente sus dudas y cuestiones cuando se enfrentan a lo diferente. Esto es natural de la infancia, pero la forma en que el adulto se ocupa de esto es fundamental para definir si esto será un nuevo aprendizaje o si se convertirá en un tabú. Por ejemplo, si su hijo ve por primera vez a una persona sin un brazo y pregunta en alto y buen tono: “¿Por qué no tiene un brazo, madre / padre?”, Usted puede silenciarlo, diciendo para no hablar así , o usted puede responder “Es porque él nació así o se lastimó. Algunas personas no tienen un brazo, o una pierna, a veces no andan … Pero nada de eso las hace peores o mejores que los demás “. Reprimir una duda natural del niño puede hacerla pensar que es incorrecto hablar sobre este asunto, cuando en realidad la diferencia es siempre una oportunidad de aprendizaje.

4. Cuando nos silenciamos ante situaciones de prejuicio

El prejuicio se manifiesta en los pequeños detalles y estar atento a eso es importante no sólo para no reproducirlo, sino también para colocarse en esas situaciones. Cuando nos silenciamos en casos de prejuicio, acabamos compasionando con eso. Por lo tanto, cuando usted oiga alguna broma de mal gusto en la familia o presione alguna situación de opresión, es importante no callar.

5. Cuando criticamos algo en nosotros mismos de forma agresiva

Cuando pensamos en tolerancia y respeto, casi nunca pensamos en ser tolerante y respetuoso con nosotros mismos. Sin embargo, el autocuidado y el respeto personal son los primeros pasos para vivir bien. No sirve de nada para respetar a los mayores o no tener prejuicios con personas de otros colores o formas, si nuestros pequeños nos ven mal tratos en todo momento. Frases como “Estoy horrible”, “Estoy gordo (a)”, “Mi pelo es pésimo”, etc., pueden reproducir prejuicios sin que uno ni siquiera note. Por lo tanto, evite auto-criticar de forma agresiva, pues esto puede ser absorbido de manera negativa en la vida de su hijo. ¡Tener una buena autoestima es fundamental para que podamos tratar todos bien!

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